Todo comenzó una mañana de mayo cuando me disponía a realizar un examen de Historia del Arte. Lo cierto es, para que nos vamos a engañar, que a quien escribe estas líneas no es el arte lo que le entusiasma, por tanto no es de extrañar que su estudio lo haga menos todavía. Había llegado el día del examen y un servidor no lo llevaba suficientemente preparado. Convencido de que el suspenso sería la nota predominante me senté delante del folio con el temblor en las piernas propio de quien no conoce la materia y suspiré profundamente antes de darle la vuelta. En ese momento la suerte se hizo mi aliada. Los pocos temas que me había estudiado eran los que componían el examen, no me lo podía creer. El resultado, lógicamente fue gratamente satisfactorio. Pero mayor fue mi satisfacción cuando me dí cuenta de que en el bolsillo del pantalón llevaba la hoja del árbol que veis en imágenes y que justamente esa mañana había cogido con rabia lamentándome por no haber estudiado lo suficiente. Siempre he sido una persona muy supersticiosa, así que la "culpa" de todo lo que sucedió aquella mañana se la eché a ella. Desde entonces, cada vez que realizo un examen nunca puede faltar en mi bolsillo una hoja de este árbol.
Siempre me dijeron que una imagen vale más que mil palabras, ¿qué pasará cuando combinemos ambas? Fotoperiodismo 11.Fcom Navarra
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domingo, 2 de octubre de 2011
El árbol de los exámenes
Todo comenzó una mañana de mayo cuando me disponía a realizar un examen de Historia del Arte. Lo cierto es, para que nos vamos a engañar, que a quien escribe estas líneas no es el arte lo que le entusiasma, por tanto no es de extrañar que su estudio lo haga menos todavía. Había llegado el día del examen y un servidor no lo llevaba suficientemente preparado. Convencido de que el suspenso sería la nota predominante me senté delante del folio con el temblor en las piernas propio de quien no conoce la materia y suspiré profundamente antes de darle la vuelta. En ese momento la suerte se hizo mi aliada. Los pocos temas que me había estudiado eran los que componían el examen, no me lo podía creer. El resultado, lógicamente fue gratamente satisfactorio. Pero mayor fue mi satisfacción cuando me dí cuenta de que en el bolsillo del pantalón llevaba la hoja del árbol que veis en imágenes y que justamente esa mañana había cogido con rabia lamentándome por no haber estudiado lo suficiente. Siempre he sido una persona muy supersticiosa, así que la "culpa" de todo lo que sucedió aquella mañana se la eché a ella. Desde entonces, cada vez que realizo un examen nunca puede faltar en mi bolsillo una hoja de este árbol.
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